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¿Qué sabe el auditor?

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“Si mirar la contabilidad de una empresa y analizarla fuera el Santo Grial. ¿Por qué los auditores no están forrados?”, se preguntaba un gurú del trading en una conferencia. Según esta declaración, es evidente que el ponente no conocía las características de la inversión en empresas, ni las funciones básicas de un experto contable.

Los auditores son los inspectores oficiales de números y cargan con la aburrida tarea de supervisar toda la contabilidad de sus clientes. Ni analizan modelos de negocio, ni son detectives a la búsqueda de estafas. Son empleados que comprueban si las cifras que les dan cumplen las normativas contables.

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Pasar la verificación de un auditor no confirma el estado de salud de una compañía. Significa que los estados han pasado el veredicto del reglamento contable. Por otro lado, puede que las cifras se hayan clasificado (legalmente) con el único objetivo de enamorar al inversor, y no para contar toda la verdad.

Los detalles de las auditoras "Big Four"

El paso profesional una compañía de auditoría del grupo «Big Four» (formado por Deloitte, PwC, Ernst & Young y KPMG) es el mejor «master» en normativa contable para un recién licenciado. A cambio de mucha dedicación, estas empresas ofrecen un plan de carrera a largo plazo y estadas semanales en varios lugares de la geografía.

Como muchas multinacionales viciadas por su organización, las grandes auditoras se estructuran en un organigrama de diamante; pocos altos directivos, algunos soldados rasos, y muchos socios, jefes de departamento, de unidades y responsables entre los mandos intermedios.

¿Quién revisa los números?

Todo el mundo colabora, de una forma u otra. Pero mientras los socios de la corporación se ocupan de las reuniones y las comidas con los clientes, y los responsables con experiencia revisan especificaciones y apartados de los resultados, los que de verdad se ocupan de las entrañas contables son los amateurs.

Y a estos últimos es fácil engañarlos. Tienen entre 20 y 30 años y algunos solo cuentan con la formación de un curso intensivo interno de dos semanas. Pero eso a las Big Four no les preocupa y envían aprendices a cubrir jornadas de 12 horas a la central del cliente, como quién envía el rebaño de ovejas a la cueva del lobo.

El departamento de administración del cliente se encarga de enseñar los números, que conoce como la palma de su mano. Los contables de la empresa saben todos los detalles de las cifras que se revisan. Ellos los han elaborado y los han clasificado. En estas condiciones, es fácil convencer a los jóvenes inspectores si aparece alguna duda.

La empresa puede justificar las cifras con cualquier motivo. Tiene tantas razones para valorar sus activos inmobiliarios con un conjunto de premisas, como explicar porqué 12.000 euros se encuentran en una partida contable sospechosa. El auditor amateur se lo cree, el responsable lo verifica y el socio le pone la firma.

Las empresas auditadas no solo son clientes, también son el campo de aterrizaje laboral para muchos auditores. Por eso entre las ofertas de trabajo siempre hay alguna que exige experiencia en una Big Four. Mientras que la lógica dice que el experto contable debería ser el auditor, resulta que los profesionales que acumulan más experiencia son los departamentos de contabilidad puestos a examen.

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