Big Short

«La gran apuesta», otra historia

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Ya he visto «La Gran Apuesta», la última película sobre Wall Street que ha recibido un montón de nominaciones a los Oscars. Basado en el libro de Michael Lewis, cuenta la burbuja inmobiliaria que explotó el año 2007. El hilo argumental es la perspectiva de distintos inversores que apostaron en contra.

Primero fue el doctor Michael Burry. Interpretado por Christian Bale, el gestor del fondo Scion Capital habría sido el primero en identificar el aumento alarmante de la morosidad de las hipotecas subprime. Los bancos habrían dejado millones de dólares a personas que contaban con una pirámide de deudas y, a duras penas, conservaban un trabajo.

A partir su tesis bajista, los gestores Steve Eisman (en la historia con el sobrenombre de Mark Baum) y Charlie Geller, se pusieron manos a la obra. Como el doctor Burry, acumularon derivados financieros que se beneficaría de la caída de los precios de los bonos hipotecarios.

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El mundo financiero que retrata Lewis es complicado. CDS, colaterales, agencias de rating, son algunos de los elementos habituales en la historia, que el espectador debe conocer. Para hacerlo ligero, «La Gran Apuesta» cuenta con personajes famosos, como Selena Gomez o el cocinero mediático Anthony Bourdain, para educarnos sobre esta lista de términos específicos.

El triunfo de los protagonistas se hizo esperar los suficiente para que su teoría se pusiera en duda. La apuesta cuestionaba la tendencia del mercado y el contexto de euforia de aquellos años depositado en el sector inmobiliario.

Empieza la fiesta

La fallida de New Century, el segundo prestador de hipotecas subprime de los Estados Unidos, fue el detonador de la burbuja. La implosión de la entidad de crédito afectó, de rebote a Bear Stearns. El grupo centenario se colapsó contra cualquier pronóstico. La causa: sus hedge funds, que estaban invertidos agresivamente en el boom inmobiliario.

La burbuja en Estados Unidos explotó con estos hechos, contados en el libro de William D. Cohan «House of Cards». A nivel internacional no se confirmó hasta la caída de Lehman Brothers, el mes de septiembre de mismo año, justo cuando yo estaba de vacaciones.

Hasta entonces, la banca europea había oído explosiones al otro lado del Atlántico, pero no preocupaban. Las cosas seguían igual. Los bancos se dejaban dinero y, aunque la bolsa había caído, solo se hablaba de un ligero retroceso que se arreglaría en cuestión de meses. Había plena confianza en el sector inmobiliario, aunque Wall Street ya se había dado cuenta del gran desastre.

Pero, la segunda mitad del mes de septiembre, a mi vuelta de vacaciones a la oficina, todo había cambiado. Lehman fue el catalizador a nivel mundial y en un abrir y cerrar de ojos el sector financiero había perdido el activo más importante de todos: la CONFIANZA.

En «La Gran Apuesta»Mark Baum descubre poco a poco como el sistema está podrido. Y, lo peor de todo, es vox populi. Pero esta estructura se aguanta porqué todo el mundo puede sacar tajada.

A ver, que los banqueros siempre han sido un grupo de piratas con un código común, que les ha permitido beneficiarse de todo el mundo, hasta el último migaja, sin entrar en conflicto entre ellos. La cooperación ha sido siempre mucho más provechosa para todas las partes. Qué más da la firma: Deutsche BankINGBBVASantander… Entre bambalinas hay un constante flujo de información, contactos, dinero…

Además, disponen de todas las ventajas públicas con las qué podría soñar un gremio.

Pero el año 2008 esta fraternidad se cortó en seco. El código pirata se rompió. Sí algunos bancos perdieron sus inversiones con Lehman Brothers, esta situación podría repetirse con otras operaciones. ¿Y sí ING (que al final fue rescatado) fallaba? ¿Y sí lo hacía una empresa de seguros como AIG (que también fue sostenida por el gobierno de los Estados Unidos)?

Era el momento para que los bancos ni confiaran entre ellos, aunque en público decían lo contrario. Se acabó la cooperación, el dejarse dinero entre unos y otros, la fraternidad y el código. Sí había cualquier tipo de transacción, esta debía ejecutarse con las máximas garantías.

Actualmente, los directivos de las principales entidades financieras recuerdan esta época como una situación límite, que al final consiguieron superar. A través de un gran esfuerzo de marketing, algunos han querido transformar este gran desastre en un éxito de fortaleza del sector bancario. Pero, la verdad, es que todos temían lo peor mientras caían las bombas, y solo deseaban que no acabaran en su trinchera.

Las entidades sabía que el sistema financiero internacional estaba podrido; con miles de millones de titulizaciones hipotecarias de bajo nivel. A partir del año 2008, fecha que empezó oficialmente la última crisis económica y termina el libro «La Gran Apuesta», los bancos tuvieron que romper con todos los códigos, incluso los inherentes de su propio sector, con un único objetivo: salvar su culo.

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